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lunes, octubre 24, 2011

Carta desde el lugar de Otra Política para el gran polo patriótico

Por: Roland Denis





Camaradas y herman@s


Digamos acercándonos al Che que la revolución es aquel acontecimiento político que por su fuerza y trascendencia lo que parecía imposible de repente lo sentimos como posible.

¿Podemos estar de acuerdo en esto?. Ahora ¿que era eso que hace unos años se notaba tan imposible?, ¿cuál era y cuál es ese imaginario común que nos convoca a todos a sumarnos a esta revolución que ahora llamamos bolivariana y socialista?. Propongamos algunas líneas básicas:

-Que se desmorone el cuadro histórico dominante controlado por el bipartidismo, la oligarquía y las fuerzas imperialistas que imponían sus intereses.

-Que se abra un nuevo período histórico marcado por la liberación frente a las trabas fundamentales de nuestra historia: el colonialismo interno, un modelo de desarrollo totalmente empobrecedor, desigual y obediente estrictamente a los códigos del orden imperial (el neoliberalismo en la última etapa) y la civilización capitalista, una burocracia cortesana y cada vez más corrupta, un estado represivo y excluyente por naturaleza, un orden de propiedad centrado en los intereses de una burguesía parasitaria que fracasa totalmente en todo proyecto de desarrollo de las fuerzas productivas, un forzado desplazamiento y una violencia permanente frente a una población cada vez más empobrecida y arrinconada a las periferias marginales de las grandes ciudades, una sistemática postura de saboteo o mediatización a todo proyecto firme de soberanía nacional y nuestramericana, una imposición permanente de una cultura de sumisión atada además a los valores más decadentes del consumismo y el individualismo, una verdadera catástrofe ambiental en múltiples territorios del país, y en fin, un “imposible” que busca la liberación plena frente a ese orden sumiso, dependiente, colonial e improductivo que nos impuso el devenir histórico prácticamente desde nuestro nacimiento “occidentalizado” primero como colonia y después como república.

-Que amanezca entonces un nuevo tiempo histórico de ruptura que además sea totalmente creador en lo que supone el quehacer revolucionario. Que no se retrotraiga cualquier victoria real a la repetición de esquemas revolucionarios derrotados por completo desde adentro de ellos mismos. Esto supone invertir el totalitarismo estatizante y vanguardista heredado de las revoluciones desmoronadas en el siglo XX por un esquema centrado en la radicalización cada vez más profunda de toda forma de participación y de democracia absoluta conducente a la destrucción del orden de desigualdad, falsa democracia, dependencia y violencia que heredamos. El motor histórico de este imposible-posible se centraría entonces en el pueblo en lucha actuando como fuerza popular constituyente en un proceso complejo y pacífico hasta donde la violencia enemiga lo permita. Sus niveles de dirección son entonces igualmente diversos y articulados desde distintos planos, empezando por el liderazgo de Hugo Chávez como primer elemento nacional de conducción pero complementado por unidades de dirección de base que forjándose en múltiples escenarios sociales, territoriales, institucionales (fuerza Armada, salud, educación, etc), productivos, constituyen en su conjunto un poder popular autónomo, un bloque histórico, un sujeto revolucionario diverso y a la vez unificado en un “imposible” común. Es una clase trabajadora luchadora, rica en identidades y producción propia que forja en su desarrollo una auténtica vanguardia colectiva  que no acepta división entre dirigentes y dirigidos, donde tod@s nos asumimos como “iguales” y practicantes de una nueva cultura política. Todo ello en su multiplicación y fuerza propia debería darle a mediano plazo a esta fuerza colectiva la capacidad de acabar por completo con el viejo estado burocrático, dependiente y burgués que por un buen tiempo sabemos que seguiría existiendo.

-Que esto obviamente suponga la entrada dentro de un cuadro de desarrollo propio que se aleja cada vez más de los modelos de desarrollo capitalista y de mercado, centrándonos sobre un campo solidario de construcción de otra educación, otra economía, otra salud, otra cuidad, otra tierra y otro mar, otra comunidad, otra industria y otros modelos de vida común centrados en las verdaderas necesidades y posibilidades del ser humano. Un “imposible soñado” por todos los pueblos deseantes de su emancipación y que sentimos como un posible en nuestro propio espacio patrio. Aunque también sepamos perfectamente que solos jamás, que necesitamos de todos los pueblos del mundo para empezar a vivirlo a plenitud. Es una obra de creación y libertad pura donde no valen las predefiniciones de oficina sino las practicas concretas que recogemos de una experiencia concreta, múltiple, directa y pedagógica hacia sí misma que defenderemos en todos los terrenos y con la vida misma.

-Que esta revolución entonces sea un aporte importante a la liberación de los pueblos del mundo y en particular los pueblos nuestramericanos, atravesados desde finales de los años ochenta por un ciclo de rebeliones eminentemente populares y multitudinarias capaces de reventar gran parte del proyecto neoliberal y neocolonial planteado para comienzos de siglo a nuestros países, pero aún limitadas no solo a algunos países (rebeliones que hoy se hacen expansivas a los pueblos del norte europeo y hasta los EEUU). Que esta reinvención del socialismo pueda crear por tanto un nuevo cuadro hegemónico que con el avance del proceso revolucionario en otros países nuestramericanos pueda generar los puntos de partida de un polo internacional con fuerza y soberanía suficiente como para intervenir sobre el futuro del mundo y plantear una alternativa verdadera y antisistémica frente a una crisis inmanejable a ellos mismos del capitalismo global. Siendo este el “imposible-posible” más atrevido y difícil ante un orden imperial cada vez más violento y guerrerista esto supone un cuadro estratégico de formación de bloques y alianzas continentales e internacionales hábiles y vigorosas a nivel de gobierno, un manejo realmente inteligente y soberano de nuestras fortalezas energéticas y minerales, además de una nutrida iniciativa forjada desde los propios movimientos socio-políticos que constituyen en estos momentos los espacios más importantes de organización, lucha y desarrollo de las nuevas “repúblicas autogobernantes” en formación.

Si a grandes rasgos podemos estar de acuerdo de estas líneas de principio –más todas las que se quieran incluir-, consideramos que lo más importante en estos momentos si se quiere hablar de la formación de un “Gran Polo Patriótico” es el de “limpiar” esta tarea del “imposible-posible” nacida un 27 de febrero hace casi 23 años y volverla a poner sobre el papel y la práctica disuelta entre todos los escenarios de construcción y lucha popular. Esto quiere decir, volver a poner sobre el tapete un lugar realmente amplio, comunicante, asambleario, autorganizante, que sirva para el debate y la articulación del “pueblo en lucha”, consciente bajo estos puntos de principio del inmenso reto histórico que tiene por delante. Un frente meramente electoral, guiado por los partidos o simplemente útil para los oportunismos de turno, buscadores de recursos y cargos de momento, fracasaría de manera flagrante, hundido en su propia improductividad política. Le haría el juego a lo más nefasto que, producto de nuestros propios límites, miedos y silencios convenientes, se ha generado. Esto es: la cristalización más que una burocracia cortesana y muy corrupta por lo general, que ya es bastante, de un modelo de comportamiento revolucionario que se reduce a las respectivas “tácticas de sobreviviencia” de muchas organizaciones y personalidades inscritas dentro del chavismo, cuyo el fin no es otro de ser aplaudido y consentido por esta burocracia cortesana y totalmente “antipolítica”, hasta terminar siendo uno o una más de ella.

Es allí donde vemos un trabajo de “limpieza” que rescate el movimientismo originario de esta revolución. Se plantee por supuesto una inmensa victoria electoral pero protagonizada por un espacio colectivo de dirección que ha favorecido la refundación en primer lugar de lo que es propiamente un movimiento popular verdaderamente de lucha, constituyente de todas las esferas necesarias de poder que pongan contra la pared a este viejo estado y por supuesto a los intereses y poderes propios de las clases dominantes. Y en segundo lugar que sirva para la generación de un debate, como ya hemos propuesto en el primer documento expuesto, que reestablecería las razones de fondo, programáticas en sí, de nuestro apoyo a Hugo Chávez.

Esta revolución le tocó la hora de darse una buena zarandeada que va mucho más allá de las famosas pero ingenuas a la final líneas de las “3R”. Necesita actuar sobre sí misma pero esta vez a partir de una esfera de unidad de base que abra  plenamente la palabra y tenga el poder de increpar el conjunto de la tarea revolucionaria, incluídos por supuesto buena parte de los personajes de dirección que desde hace años no solo no rinden cuentas al movimiento en su conjunto sino que se desligaron en gran parte de él, para convertirse en sujetos de propaganda y visitadores mediáticos, atravesados además por una arrogancia y unos derechos autoconsedidos de juicio a cualquier expresión creadora y de lucha que hace peligrar la unidad revolucionaria como tal.

Ese “GPP” que imaginamos no necesita por tanto de grandes cartas de principio que no sea una voluntad profunda de victoria, una verdadera “limpieza programática y metodológica” y una actitud clara frente a la tarea de renovación revolucionaria planteada. Si una coordinación nacional elegida en asamblea, junto a un plan asambleario de refundación de la alianza programática con Hugo Chávez, empieza siendo el punto de partida del espacio articulado del GPP, se dirige a la totalidad de las clases pobres y trabajadoras en estos términos, seguros estamos que estamos comenzando con muy buen pie. Y más allá aún, sería mucho más estimulante el que se conciba a sí mismo como el lugar donde finalmente pudimos empezar las complicada tarea de elaborar un “programa popular autónomo” que permita establecer la independencia plena de los horizontes revolucionarios específicos frente a los viejos poderes constituidos.

¿Será posible redescubrir lo imposible que nuevamente se hace posible gracias a la creatividad y voluntad de las fuerzas nobles que se reúnen desde la base, desde barrio, la fábrica, el campo, la comunidad urbana e indígena?- ¿Será posible que la revolución vuelva a convertirse en una maravillosa pasión de multitudes como lo fue hasta el 2004?. Esa es a nuestro parecer la tarea fundamental del GPP más allá de toda victoria electoral que vendría de suyo. Todavía estamos a tiempo, no hay pueblo vencido, que la reina revolución nos inspire.

Abrazos militantes.

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