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sábado, abril 24, 2010

Todos los días el Día de la Tierra: Poemas del libro "El canto del Labriego" de Pedro Pablo Pereira

Por: Pedro Pablo Pereira *

Nota Editorial: Para el Día Mundial de la Madre Tierra recibimos en nuestro correo estos poemas del compañero Pedro Pablo, aunque no los publcamos el mismo 22 de Abril, hoy los publicamos en el espíritu de hacer todos los días el Día de nuestra Pachamama.

Tierra Madre

En memoria eterna de mis padres: 
Gregorio Pereira y Nicolasa Márquez de Pereira

Hoy vuelvo a tu seno, Tierra Madre,
como vuelve el árbol a convertirse en polvo
al cumplir su ciclo ya fijado.
como semilla que germina en el surco
y se forma en nueva planta,
volveré a tus entrañas
y regresaré en la fuerza que da vida al Universo.

Abre, Tierra Madre, tu seno maternal
y recibe este trozo de tierra hecha polvo,
este poco de barro que se funde en ti para vivir,
y permítame descansar en tus entrañas,
en la oscuridad de tu placenta,
para unirme al misterio de tu útero fructífero,
para que este cuerpo mío, que ahora es tuyo,
se vaya consumiendo y se transforme
en tierra de tu tierra, en barro de tu barro,
en vida de tu vida.

¡Oh, Tierra Madre!
Tú me viste nacer,
crecer,
me enseñaste a trasegar los ásperos senderos,
caminos recorrí sobre tus lomos,
me harté con gran deleite del fruto de tus tetas,
mientras tú me limpiabas el sudor de mis cansancios;
dejabas recostar mi cabeza sobre tu pecho
para escuchar los latidos de tu noble corazón,
y saborear el olor de tu aliento después de la lluvia vespertina;
me diste el amanecer y el atardecer del nuevo día,
el silencio de la noche pletórica de cocuyos y de estrellas
el rocío de la hierba y la alegría de la alborada;
nada me pediste a cambio,
sino un poco de amor y comprensión.

Yo, Tierra Madre,
no estaré en tus entrañas como un feto,
porque venceré la oscuridad del hombre;
estaré en la vida que día a día comienza
en tu diario “dar a luz”;
por eso, Tierra Madre,
que nadie llore poniendo las manos sobre tu estómago abultado,
que no piensen que estoy oculto en tu barriga
como si estuviere muerto;
diles que yo vivo más allá de tus cavernas,
que hubo un nuevo parto,
que otra vez nací,
que trasciendo el tiempo y el espacio
y que sigo estando en ti.


La tierra de ayer

Hace apenas unos años la tierra no era esta tierra;
hace apenas unos años la tierra era pura y bella,
no la habitaban los hombres de malvado corazón,
vivían en ella los niños que la sembraban de amor.

De animalitos y plantas ellos eran muy amigos,
convivían en armonía con las bestias, con los grillos,
con las aves, con las plantas, con los mares, con los ríos,
no eran símbolo de muerte ni de poder destructivo,
eran hombres racionales con el corazón de niños.

Hace apenas unos años esta tierra era sagrada,
era también santo y puro el hombre que la habitaba,
no conocía el egoísmo, desconocía la venganza,
la tierra era toda suya, la quería, la respetaba;
era como una labranza donde todos cosechaban,
la tierra era para el hombre la Santa Madre Sagrada,
fue concebido en su seno y a éste regresaba,
ella daba todo al hombre sin pedir para ella nada.

Hace apenas unos años había peces en los mares,
En los ríos y lagunas; algas en los manantiales;
había nieve en las montañas, bosques repletos de aves,
había casitas de barro con techos de morichales,
y vivían en armonía el hombre y los animales.

Hoy, no hay ríos ni manantiales, la laguna se secó,
el aire, al igual que el mar también se contaminó,
las aves fueron muriendo, la selva desapareció,
las rocas dinamitadas, la nieve se derritió,
el planeta lleno de vida el hombre lo destruyó,
no hay rastros del Edén con él que tanto soñó
la muerte reina en la tierra, la vida desapareció.


Tengo miedo

Tengo miedo que la lluvia ya no llegue,
Y que el tiempo traiga cambios;
que las aves ya no canten,
que las fuentes se retiren
y que mueran los vergeles,
que los desiertos avancen;
que los hielos se derritan
que se desborden los mares.

Pero más me causa miedo
el vivir entre salvajes,
que amenazan al planeta
con sus armas nucleares.

Tengo miedo del aire que respiro,
y del agua del arroyo,
de la fruta y la hortaliza
que vienen envenenadas,

Tengo miedo de la gente de la calle
con proyectos progresistas;
tengo miedo de los males que poseen,
de los males que poseo;
de los sabios destructores,
con sus mentes maquiavélicas.

Tengo miedo,
mucho miedo que esta vida se prolongue
mientras vamos pereciendo;
tengo miedo del futuro del planeta si lo siguen destruyendo.

Campesino

Al campesino latinoamericano

Campesino
con tus manos duras y callosas como la tierra
donde hundes tus pisadas.
En silencio sufres tus fatigas,
tus penas,
tus cansancios;
olvidado te escondes en el polvo del camino
cobijado por el sol del mediodía.

¿Quién podrá saciar tu sed de justicia que quema tu garganta siglo tras siglo?
apoyado en el bastón de la esperanza,
miras por la rendija de tu rancho un nuevo amanecer;
un día mejor;
un nuevo sol.

Despertar a un mundo de justicia,
son tus sueños, producto del cansancio.
Mientras contemplas a tus hijos,
que juegan con el humo del fogón,
con el lodo del barrial;
tu sigues abriendo el ancho surco;
echando la semilla;
pidiendo al cielo que riegue tu sembrado.
Con paciencia esperas la cosecha,
el fruto del sudor.

De ti nadie se acuerda,
aun cuando sentados a la mesa,
disfrutamos de tu pan,
el sudor de la labranza,
el cansancio del jornal
Tu anónima existencia a nadie interesa,
nadie sabe cuánto pesa el sol en tus espaldas,
el barro en tus talones,
los pies sin alpargatas.

Tú, mientras tanto,
esperas la alegría de la mañana;
tu soñar de madrugada,
el rayar de la esperanza.

*De mi poemario: El Canto del Labriego. Publicado y agotado. (Pedro Pablo Pereira)

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