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domingo, marzo 08, 2009

Una Mujer


Por: Joaquín Colmenares  

Mi búsqueda no es algo fácil. En mi paso por este mundo he conocido a toda clase de personas, de todas las condiciones sociales; pero a fin de cuenta solo se ha tratado de gente, y lo que yo busco es una mujer.

Pero no una mujer que sea la muñequita del aparador, ni la rosa candorosa e ingenua. Tampoco que sea la hermosura mercenaria ni la madre sumisa y abnegada o la esclava del hogar. Busco una mujer que se atreva a ser ella misma con todas sus potencialidades.

Una mujer que no tema ser fuerte, segura e independiente, porque con ello no pierde en absoluto su feminidad, y en cambio tome el lugar que le corresponde en la evolución de la pareja humana.

Una mujer dispuesta a descubrir y desarrollar todos sus valores y potencialidades, porque los hombres jamás maduraremos emocionalmente si tenemos compañeras, hermanas o madres que han dado poca importancia a su crecimiento como persona. La evolución supone un crecimiento compartido. 

Una mujer preparada y decidida que no solo sepa que hacer sino como y cuando hacerlo, porque así será un respaldo para mí, como yo con gusto lo seré para ella.

Una mujer que me descargue de todo el peso agobiante de un amor no entregado porque nunca antes alguien lo había recibido por completo.

Una mujer que me ayude a verme como soy, no como yo creo que soy. Que tenga el tacto de decirme mis defectos en el momento en que soy más receptivo, para que digiera la crítica constructiva y pueda, así, florecer como persona.

Una mujer que sea tierna, sin que pierda firmeza; sin llegar a ser solemne; deseosa de superarse sin sentirse superior; dulce, sin ser melosa, y con la frescura de una chamaca sin caer en lo pueril.

Una mujer que sea mi compañera en todo: desde tender la cama juntos hasta adentrarnos en una aventura intelectual, pasando por la experiencia de trabajar hombro con hombro y recorrer un parque montados en bicicletas.

Una mujer que no se alarme si alguna vez me ve llorar (porque quiero recuperar esa capacidad de expresión reprimida por nuestra cultura machista), y que me aliente a “darme permiso” yo mismo de ser débil y pedir ayuda a pesar de ser el hombre fuerte de la casa. 

Una mujer que descubra lo que no le gusta de la vida, y que se esfuerce por averiguar lo que quiere realmente de la misma, teniendo el valor de pagar el precio de sus más caros anhelos.

Una mujer que no se deje utilizar y que nunca manipule a otro ser humano, incluyendo a su pareja, pues no tiene objeto caer en una simbiosis destructiva cuando existe la alternativa luminosa de un enriquecimiento recíproco.

Una mujer que mantenga siempre una mentalidad joven, abierta al cambio. Que ame profundamente la vida y no empañe su bienestar con actitudes quejumbrosas y de autocompasión, porque la felicidad es tímida y suele espantarse con el ruido de nuestras quejas y lamentaciones.

Una mujer que sepa que el hombre esta llamado a ser el más elevado de los seres vivientes, pero que ella, como mujer fue concebida como la más sublime de las creaciones del universo.

Cuando la encuentre la amaré intensamente. Y me pregunto: ¿acaso esa mujer eres tú?

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