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viernes, enero 02, 2009

A Mil Kilómetros del Refrigerador. En la Era de los Controles Remotos: la Opinión Remota


Por: Aksel Alvarez

Por principio prefiero no opinar de sucesos o temas que no conozca con cierta profundidad para evitar caer en superficialidades, imprecisiones y otras actitudes indeseables que pueden explicarse más sencillamente como un respeto profundo a lo que otros viven.

Lo más cerca que he estado de una guerra ha sido por las fotos y la televisión, difícilmente puedo imaginarme a lo que ha de oler la guerra. Toda la mugre revuelta por las bombas que caen del cielo silenciosa y repentinamente; el hedor de la sangre y la mierda que es expulsada de los cuerpos que explotan por las bombas o las balas, la tierra, el polvo y esa nube de materia pulverizada que instantes antes eran casas, hospitales, parques, huertos, talleres, etc. ¿Cómo podría imaginarme el olor de todos los olores juntos?

Mucho menos puedo imaginarme el dolor.

Sin poder imaginarme todo esto no creo que podría hacerme una idea aproximada de lo que hoy día se vive en Gaza, en particular por el hecho de que no es siquiera una guerra convencional. Gaza es, de hecho, un enorme ghetto de escala regional donde se encuentran hacinados millones de seres humanos que sólo guardan algo en común: son la mayor amenaza para Israel.

¿De qué forma pueden amenazar un montón de seres humanos prácticamente sin alimentos, tecnología, educación, dinero o medios militares a un Estado súper dotado en la mayoría de estos aspectos, por no decir que en todos? Simplemente porque testimonian una realidad: Palestina/Israel no puede ser un Estado basado en un prejuicio racial o religioso. Sin embargo la respuesta no es tan sencilla como la creación de un Estado laico o un Estado Compartido. Pero no es nuestro interés centrarnos en discutir esto, que ya ha sido discutido enormemente por gente involucrada directamente en el asunto. Lo que sí quisiéramos es simplemente plantearle un asunto a quien nos lea: ¿es lícito que se asesine a gente encerrada en un área geográfica determinada y en franca desventaja?

Creo firmemente que no.

Esta postura me ha costado la amistad de algunos amigos judíos, lo consideran intolerable, argumentan muy diversas razones harto conocidas, sin embargo nunca asumen discutir lo razonable de lo que ha estado sucediendo en Palestina desde principios del siglo XX.

Como he dicho no puedo imaginarme el hedor de la guerra ni sus sonidos, mucho menos la sensación del estremecimiento del suelo, pero sí puedo entender que lo que sucede en Palestina, hoy y por años, es inaceptable para cualquier ser humano que se precie de razonable. 

Justificar semejante barbarie por una “amenaza terrorista” es absurdo. ¿Qué otra opción les ha dejado Israel y la Comunidad Árabe a los palestinos sino luchar hasta la muerte? Ni siquiera les dejan la opción de cómo vivir, tampoco les dejan opción para morir: de rodillas y humillados o de pie y luchando de la forma en que juzguen conveniente.

El problema está en que la lucha política sólo ha llevado una mayor humillación a los palestinos, condenados a vivir en una situación irracional desde cualquier punto de vista. Es así que la lucha armada y desesperada pareciera ser la única salida lógica. ¡Que absurdo el mundo donde la violencia es la única salida lógica a los problemas! 

¿Quién cree hoy que podrá argumentar ante un Estado que denomina a su “operación militar Plomo Fundido”? Una operación que debe traer la paz… nunca antes el concepto de paz ha sido tan rebajado, hundido entre mierda y sangre, pisoteado por la estupidez y la soberbia.

Si intentar conservar la dignidad es considerado extremista pues me declaro extremista, no tiene sentido dialogar ante las balas, éstas no tienen conciencia, simplemente queda resistir, luchar, sin olvidar que la guerra no es el camino ni el objetivo.

Hoy, cuando las bombas caen a mil kilómetros de mi refrigerador opino a control remoto, lo que me apena, por respeto a quienes sufren directamente la ira y la locura de quienes arrojan de forma satelitalmente precisa el plomo fundido sobre las cabezas de los palestinos; sin embargo no puedo dejar a un lado que un sentido de elemental justicia me impulse a escribir estas líneas para mostrar mi desaprobación ante la masacre que se lleva a cabo cínicamente.

¡Basta ya de discutir por qué es obscena la guerra y la muerte! ¡El Estado de Israel debe ser sancionado y condenado firmemente por la comunidad internacional y debe ser permitida la ayuda al Pueblo Palestino sin condiciones bastardas y absurdas!

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