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domingo, enero 04, 2009

Mi Cristo de Las Américas



Por: Pedro Pablo Pereira M.

Mi Cristo de las Américas anda por allí desapercibido;

se le puede encontrar en cualquier parte del continente.

Vive en los barrios, en las zonas marginales,

en los ranchitos enclavados en los cerros,

en barracas y refugios,

desplazado y perseguido, a veces desaparecido.

Hoy lo vi limpiando botas en la plaza,

pero puede andar de pregonero o,

vendiendo café en viejos termos;

es un obrero de la construcción,

trabaja en el taller y en la fábrica

explotado del patrón,

se confunde con los pasajeros del destartalado autobús,

es el campesino que día a día abre un húmedo surco de esperanza,

un indígena que mira con nostalgia la tierra que fue suya.

Sufre desgarradamente en los drogadictos,

en los enfermos de sida,

en la prostituta que alquila su cuerpo para sobrevivir,

en el negro, víctima del racismo. 

Mi Cristo latinoamericano llora desnutrido en los brazos de su madre;

anda descalzo buscando en la basura un juguete o un trozo de pan;

vive allaaaá en un mísero rancho en donde

no llega el agua ni el camión del aseo urbano ni ningún servicio público

y cuando viene la policía en su patrulla es para tenderle redada o reclutatas. 

Está, mi Cristo, reseñado, ahí en la comandancia,

muchas noches ha dormido en los fríos y oscuros calabozos,

sin abrigo, sin haber probado bocado ni agua,

acusado de ladrón, de subversivo;

está desempleado, no tiene casa propia;

ha sido herido con el rolo, con los gases lacrimógenos

por protestar contra la injusticia del sistema, contra la miseria,

contra la falta de salud, contra el alto costo de la vida,

es analfabeta y no puede pagar la educación para sus hijos. 

Mi Cristo es un profeta que grita: “!Libertad!”,

que siembra Libertad.

Denuncia al poderoso que explota a los pequeños,

Al imperio que aplasta y asesina a los pueblos;

Condena la injusticia de los ricos;

la Iglesia oficialista le ha dado la espalda y lo llama “comunista”, “guerrillero”,

lo ha puesto en “entredicho” por peligroso. 

Anda por ahí,

Asómate a la puerta y lo verás cruzar la calle. 
 

Deberíamos tener un cristo de estos en las puertas de nuestras casas, pero sobre todo frente a
la mesa de nuestro comedor, para ver si nuestros rezos y golpes de pecho tienen sentido y, sobre todo, para que nos enseñe a ser revolucionarios.


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