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sábado, enero 24, 2009

La enmienda constitucional y el rol de las masas



Por: Homar Garcés

El principal error observado durante el desarrollo del proceso revolucionario bolivariano ha sido el de subestimar constantemente, desde hace algún tiempo, la capacidad intrínseca del pueblo en tomar las riendas de todos los cambios revolucionarios que hacen falta en el país, como ya pasó con los Círculos Bolivarianos y las Unidades de Batalla Electoral, y comienza a suceder ahora con los Consejos Comunales y otras expresiones organizativas del poder popular en ciernes.

Es imprescindible que los revolucionarios que respaldan activamente este proceso enfoquen gran parte de su acción revolucionaria en cambiar ese estado mental de sumisión y de perpetuación de la representatividad como modelo de vida que –durante más de cuatro décadas, le inculcaran al pueblo los gobiernos de AD y de COPEI en el pasado, con la anuencia de la izquierda tradicional. Cada uno debiera asumir, en consecuencia, el rol de líder protagónico en los diversos espacios que ocupen, de modo que se comience a generar un verdadero liderazgo revolucionario colectivo en vez de una minoría privilegiada, cuya conducta -a la luz de su comportamiento y ambiciones- es eminentemente reformista y no socialista.

Por ello, una propuesta de enmienda constitucional con la sola intención de permitirle a Hugo Chávez una reelección inmediata y continua no tendrá sentido histórico ni revolucionario si no es enmendada primeramente el espíritu alienado de las masas, desechando así todos los prejuicios y los preceptos que las condicionan a una vida subordinada, ajustada a los patrones de la democracia representativa en lugar de la democracia participativa y protagónica que caracteriza y sustenta al socialismo revolucionario.

El escenario político venezolano actual es muy parecido al de la reforma constitucional, puesto que muchos de los gobernantes del PSUV tuvieron un papel determinante en el fracaso del referéndum del 2 de diciembre de 2007, sobre todo, porque no se les incluyó en la reelección a los cargos detentados, a pesar del aparente compromiso revolucionario de muchos de ellos. Como antes, será -una vez más- el pueblo sencillo quien sacará la cara por esta iniciativa presidencial mientras los dirigentes del reformismo chavista se mantendrán de bajo perfil, esperando a ver cómo se desarrollan los acontecimientos, igual como lo hicieran durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002.

Esta iniciativa del Presidente Chávez debiera significar, por tanto, la profundización y la radicalización del proyecto histórico Simón Bolívar en el sentido de proporcionar las condiciones que hagan posible, sin tutela alguna, el poder constituyente del pueblo, ejercido directamente por los diversos sectores populares; asumiendo éstos, a través de los mecanismos autónomos y competentes que vayan creando por sí mismos, las soluciones a sus necesidades, con el apoyo desinteresado que le puedan y quieran brindar aquellos gobiernos locales y regionales que se autoproclaman bolivarianos, socialistas y revolucionarios, los cuales -por cierto- ahora tienen el reto revolucionario de propiciar un verdadero cambio estructural y no limitarse a cumplir una gestión desarrollista que, a final de cuentas, es totalmente inversa y ajena a una revolución socialista y popular, como la que se pretende en Venezuela. Queda en manos de las masas asumir como nunca antes un rol protagónico de primera línea, ya que les corresponde adelantar las conquistas políticas, económicas, sociales y culturales que definan y caractericen la implantación de una sociedad de nuevo tipo bajo el socialismo revolucionario. En tal sentido, la enmienda constitucional podría significar un paso adelante en lo que corresponda a una democracia ampliada y al ejercicio de la soberanía por el pueblo.