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miércoles, diciembre 24, 2008

¡SOLIDARIDAD! Euskal Herria: Recuerdo y compromiso


Los 780 nos interpelan a todos. Son un revulsivo para quienes nos aprestamos a celebrar los inminentes festejos como si nada de esto ocurriera.

Por: Jesús Valencia

Estamos en el umbral de la gran fiesta. Y, como toda fiesta mayor que se precie de serlo, nos llegará cargada de celebraciones y de recuerdos. Añoranza de tiempos pasados y de personas idas; evocación de los seres queridos y ausentes. En este marco de recuerdos entrañables, ocuparán lugar preferente nuestras presas y presos. No son un capítulo más de nuestra historia social y política. Son el epicentro de un conflicto que nos afecta a todos y que, de modo cruel, se visualiza en ellos. Que nuestra pequeña Euskal Herria soporte el cautiverio de 780 presos políticos es un hecho escandaloso y único en la repantigada Europa; evidencia de que Francia y España -estados imperialistas- se han homologado en rigor con la denostada Turquía.

Los 780 nos interpelan a todos. Son un revulsivo para quienes nos aprestamos a celebrar los inminentes festejos como si nada de esto ocurriera. O como si sucediera en uno de esos países alejados y malditos que nos importan un carajo. La brutal política penitenciaria también reclama el compromiso de guías religiosos, dirigentes sindicales, líderes políticos o activistas sociales. Nos encontramos ante un masivo sufrimiento utilizado como herramienta política. Madrid y París aplican la dispersión como tormento con el que doblegar la disidencia; mecanismo de control social con pretensiones disuasorias y ejemplarizantes; secuestro que convierte a los cautivos en rehenes y la solidaridad de sus familiares en delito. Escenario por donde desfilan la dignidad de los cautivos, la sevicia de sus guardianes y el compromiso -o el desentendimiento- del resto de ciudadanos; esta cruda representación no admite espectadores. Las 780 personas cautivas han puesto en juego lo que más valoran: su propia existencia; sus familias pagan, semana a semana, el duro tributo de la fidelidad incondicional. Unas y otras reclaman justicia y apoyo. Ha pasado el tiempo de las palabras huecas; quienes tengan tribuna y voz absténganse de genéricas apelaciones a los principios éticos. Los obispos deberían denunciar esta barbarie con la misma contundencia con la que condenan otros atentados. Políticos y sindicalistas, como hacen otras veces, también ahora deberían de aparcar sus desacuerdos y arracimarse para repudiar la dispersión. Si demostrasen frente a la violencia carcelaria la misma contundencia y determinación que utilizan frente a otras violencias, la política penitenciaria no gozaría de tanta impunidad.

780 militantes en reflexión permanente pueden aportarnos claves de gran utilidad para el presente y futuro de nuestro pueblo. Desde sus mazmorras -encierro de veinte horas diarias- luchan, construyen y sueñan. «No os vamos a fallar», escribía una presa amiga. ¿Será tan rotundo nuestro compromiso? Nos toca a nosotros voltear las puertas de los presidios. En el umbral de la fiesta, un saludo entrañable para todos los presos políticos del mundo; aun cautivos, siguen peleando por una sociedad más justa. Saludo cargado de complicidades y querencias para las 780 paisanas y paisanos. De ellas y ellos no nos despedimos. ¡Hator etxera! Nos encontraremos el día 3 en las calles de Bilbo.

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